VIAJE AL VENETO, VENECIA Y DOLOMITAS,
SUBTIROL Y LAGO GARDA.
Este viaje pertenece a la serie “LOS VIAJES CON MI CUÑADO”
Preámbulo.
Debido a que mi hija Lucia está trabajando en Ginebra, y
aprovechando los desplazamientos que
hacemos para visitarla, he tenido la
oportunidad de conocer un poco Suiza y las zonas francesas que limitan con el
país helvético. Así he estado un par de veces en Chamonix, al pie del Mont Blanc,
otras tantas en Interlaken y su Junfrau, y una en Zermatt frente al Cervino,
allí llamado Matterhorn.
Fue precisamente en Zermatt, en la excursión al Gornegrat,
arriba en la terraza panorámica a más de 4000 metros del hotel-refugio, cuando contemplando
aquel circo de cumbres y glaciares, me entro el deseo irrefrenable de conocer los Dolomitas.
A la vuelta a España inicie la necesaria exploración y
recogida de información, también comente mi objetivo con aquellos amigos y
conocidos que ya habían estado, normalmente para esquiar, en los Dolomitas. La
opinión contrastada fue unánime, el lugar merecía extraordinariamente la pena,
y eso que, como ya sabían, yo soy un viajero de escasa capacidad para ascender
a pie cuando el recorrido se empina durante más de doce minutos. Pero vamos, la dotación de
funiculares (ferrovías), telesillas y demás tele transportes es tal que
cualquiera con mínimas ganas de andar puede disfrutar de pasearse repetidamente
a 3.000 metros de altura con total desenvoltura.
A lo dicho pecho y hecho, en los primeros días de Septiembre
del 2015, y ya unos días después de mi retorno de los Dolomitas, aquí estoy
sentado ante el ordenador, describiendo mi precioso viaje para que conste por escrito
y para información y disfrute del que guste de entretenerse con su lectura.
Ir a los Dolomitas es una buena razón para ampliar el
recorrido montañoso previsto con alguno de los lugares y ciudades más próximos
a la zona, es decir, a los 4 días por los montes añadimos otros cuatro con
objeto de volver a Venecia y pasearnos por las ciudades del Sudtirol (Trento,
Bolzano), así como por Verona y el lago Garda.
Ni que decir tiene que casi toda la información de los
sitios visitados la he extraído de los distintos blogs y foros que pululan por
la red, por lo que agradezco al tiempo que pido disculpas por el pirateo, la ingente y prosaica labor de los amigos que
alimentan con sus comentarios las webs de viajes.
Tengo que señalar previamente que por esos días yo me
encontraba convaleciente de una seria dolencia en las lumbares que estaba
tratando con una fuerte dosis de medicación, lo que no solo ponía en duda mi
capacidad para manejarme por los montes con suficiente soltura, sino que
también me obligaba a prescindir del consumo de bebida alcohólica alguna para
evitar malvadas complicaciones
alucinantes, como rezaban los malditos prospectos de las variadas pastillas. La
perspectiva de pasarme ocho días en Italia sin echarme al coleto una simple
birrita me tenía un poco de los nervios.
Añado que curiosamente a sus años, no diré cuantos, mi
cuñado y consorte no habían estado nunca en Venecia, así que con el viaje
matábamos dos pájaros de un tiro, y él
podía cumplir un anhelado sueño y al tiempo responder al compromiso permanente
que tenia con su señora.
Día 0 domingo
Jacinto y señora partieron
de Barcelona en avión rumbo a Venecia, fueron un día antes que yo para sacarle
un poco más de juguillo a la ciudad. El alojamiento localizado en Booking es un
apartamento de dos Habitaciones en Dorsoduro, e ilocalizable si no vas bien
informado. Está al lado mismo del gueto, (hay que poner judío?).
Se llama Ae Maschere y lo recomiendo si tienes un poco de
estomago. Costó 420 euros los cuatro para tres días, aunque mi mujer y yo solo
estuvimos dos.
La ubicación es perfecta, a mitad de camino de la estación
de Santa Lucia y el puente de Rialto. Decir Santa Lucia en Venecia es decir la
plaza de Roma, tan solo están separadas por la pasarela de Calatrava. Como el
bus del aeropuerto te deja en la plazuela de Roma, tranquilamente en diez
minutos puedes ir andando desde la parada final del bus al apartamento. Lo malo
es que al genio de Calatrava no se le ocurrió que la gente con dificultades de
movilidad, y un tío arrastrando la maleta lo es, necesita de una rampa para pasar
su puente, así que toc, toc, toc, peldaño a peldaño, y maldición tras maldición
te plantas en Santa Lucía, aunque hayas
dejado la suspensión de la maleta hecha unos zorros. Gracias Calatrava, me uno
a los valencianos y venecianos que te desean lo mejor.
Del contacto del primer día de mí cuñado con Venecia no soy testigo, pero me comentó que
según lo planeado previamente, se había
cascado en ese tiempo, el palacio ducal, el museo de la Peggy Gughemgein, las
islas de Murano y Burano, algún otro museo y varias iglesias. Lo tengo bien
enseñado.
Día 1.lunes-
SANTANDER-VENECIA
Tomamos desde Santander a las 14 horas el vuelo de Volotea
con destino Venecia. Como lo había sacado con suficiente anterioridad el
billete salió tirado. Además yo tenía de un viaje anterior la bonificación de
Supervolotea y me salió muchísimo mejor, vamos que me compenso el coste de la
maleta facturada. El avión iba como a un cuarenta por ciento del pasaje lo que
me dio muy mala espina, me temo que en esas circunstancias se carguen este
trayecto.
A las dos horas y media, tras mi desencuentro con Calatrava,
llegábamos al alojamiento donde esperaba mi cuñado. Me confirmó que si no es
por la información previa, hubiera tenido serias dificultades para localizarlo.
Esa tarde no dio tiempo a mucho, paseamos hasta el puente Rialto
que por cierto estaba cubierto por obras en su lado sur y no se veía nada, y
nos entretuvimos por la cercana plaza del mercado donde nos tomamos los
primeros Spritz al lado del canal. El Spritz es el cóctel estrella de Venecia,
un aperitivo de color anaranjado compuesto por vino blanco, agua con gas y
Campari, Aperol o Cynar, que suele llevar una rodaja de naranja o una aceituna.
Estos, de Aperol, nos costaron a seis euros, creo que fueron los más caros del
viaje pero los que más ricos estaban. Ojo con los Spritz, si te gustan te aconsejo,
primero tomar y luego al pagar preocuparte del precio, si lo haces al revés a
lo mejor no tomas ninguno. Cenamos pronto como es de rigor, en la plaza
Becharia en un lugar del que mejor no recordar el nombre, aunque de todos modos
no lo iba a recomendar, y no porque sea mala la comida sino porque el sitio no
tiene ningún sabor especial. Por cierto, aunque los Spritz llevan un poco de
alcohol, yo me los bebía como quien lava. Que les den por ahí a los prospectos.
Después paseando nos acercamos a la plaza San Marcos donde
mi mujer y su hermano se marcaron unos bailes al son de las orquestinas míticas
de las terrazas de la plaza, esas que dicen que clavan tanto por un café pero
que son curiosas por su tipismo. Como ellos tenían la animación propia del que
ha bebido durante la cena como corresponde y yo iba como de chofer, más sobrio
que una estatua, y no me hacían gracia las evoluciones de mis allegados, con
una buena cara de vinagre les animé a retornar al hotel a la mayor brevedad;
supongo que para disimular y no parecer demasiado aguafiestas, les comentaría
que me dolía mucho la espalda.
No he dicho que el dueño del apartamento te deja una especie
de pen portátil que te permite acceder a internet por wi-fi desde cualquier punto de la ciudad. Lo
llevaba mi cuñado en el bolsillo. Lo malo es que previamente debes recargarlo y
hasta allí nosotros no habíamos llegado.
Día 2 martes. VENECIA
Para desayunar tomábamos algo en una tienda de café al lado
del callejón por el que se accedía al apartamento. La camarera era de lo más
receptiva y yo haciéndome el simpático, le comenté que estaría contenta porque
Italia nos había breado la tarde anterior en el eurobasket, vaya por donde ella
no tenía ni pajolera idea.
De estancias anteriores en Venecia yo tenía pendiente
visitar la Galería de Arte Moderno en Ca Pasaro y allí fuimos en primer lugar.
No está mal pero creo que está mejor dotado el museo de la Peggy. De todos
modos nos encontramos con el cuadro Cosiendo las velas de Sorolla y le hice
unas buenas fotos para copiarlo más adelante, el resultado podrá verse si así
fuere, en el apartado pictórico de mi blog.
Después de visitar la galería, recorrimos con calma el lado
oeste del Gran Canal, entrando en distintas iglesias, de las que destaco la
visita a la Chiesa de Santa Mª Gloriosa del Frari, porque tiene bastante que
ver, por ello cobran entrada, y reconociendo campos (plazas), canales,
callejuelas y puentes. Nos tomamos los spritz en una terraza del campo de Santa
Margarita y terminamos sentados en la punta de la Salute. Habíamos tomado para
comer unos trozos de pizza por el camino y allí esperamos a que abrieran la
iglesia. Nos amenizo el rato un concertista callejero de chelo que sonaba
delicioso para el lugar y el momento.
Enfrente, al otro lado del canal nos esperaba de nuevo la
plaza de San Marcos. Sacamos unos tickets de esos de 24 horas para el vaporetto
y con la línea 1 nos acercamos a la plaza con objeto de visitar la basílica que
le había quedado pendiente del día anterior a mis cuñados. Como yo había estado
viéndola en enero, me quede fuera esperando sentado en una terraza de esas de
las caras con orquestina. Me soplaron 9 euros por un capuchino, pero me dí el
gran gustazo.
No he comentado que en estas fechas se celebra en Venecia el
gran acontecimiento de la Bienal de Arte y que incluye en su programa el
afamado Festival de cine de la ciudad. A mi pesar me resulto prácticamente
imposible acercarme a la Bienal, cerraban a las seis de la tarde y esas
experiencias requieren de mucho tiempo y tranquilidad. Así que dejando de lado
la representación de arte contemporáneo de todo el mundo, casi nada la
oportunidad perdida, se nos abrió una disyuntiva, o visitar San Giorgio y su
campanile, o acercarnos al Lido a
presenciar el pase de famosos por la alfombra roja. Juro que intentamos ir a
San Giorgio, pero nos hicimos tal lío con los vaporettos, que para deleite de
algunas terminamos en el Lido. Hay un autobús que te lleva desde la estación
del vaporetto hasta la mismísima puerta por donde entran los artistas, pues
bien, fuimos de listos y en nuestra ignorancia nos cascamos dos kilómetros y
medio andando al sol hasta nuestro destino. El típico “ya llegamos“y el venga ver pasar a los autobuses. En el rato que
estuvimos intentando contemplar las estrellas, desfilaron unas cuantas, solas y
en grupo pero, como es Venecia, de relumbrón nadie. El de más glamour anunciado
era Johnny Deep y ya había estado el primer día del festival. Aún así, si que
pudimos asistir al paseíllo de Bertrand Tavernier.
A continuación fue el momento Gran Canal. A mi juicio no se
puede ir a Venecia sin hacerte un ida y vuelta en vaporetto por el Gran Canal,
y mejor si logras como nosotros sentarte al frente del todo. Eso es lo que
hicimos y donde gastamos el tiempo restante hasta la hora de la cena. Triste
ver la cara sur del Rialto absolutamente tapada.
Esta vez sí elegimos un lugar con encanto, se llama Antico
Martini y está justo al lado del palacio
de la Fenice. Ni que decir tiene que nos tomamos unos spritz antes de empezar.
No sé por qué colaban tan bien en mi dieta antialcohólica.
Tras la ultima colazione y andando distraídamente por el
lado este atravesando nuevamente San Marcos, nos volvimos al apartamento. Al
día siguiente empezaba lo bueno.
NOTA.-Al final de este diario y a modo de anexo acompaño
toda la información que un mortal necesita sobre Venecia.
Día 3 miércoles VENECIA-CORTINA-LAGAZOUI-CINQUE
TORRI-CORTINA
Tras desayunar donde la simpática, nos acercamos andando a Santa
Lucia con objeto de coger el tren hasta la estación de Mestre, y allí mismo recoger
el coche reservado previamente desde España. Eran las 9.30 cuando nos plantamos
los primeros delante de la oficina de recogida, el responsable no estaba y
justificaba su ausencia por medio de un cartelito con la leyenda “torno
súbito”. Allí, menos mal que todos detrás
de nosotros, se fue formando una nerviosa cola hasta que a los 20 minutos
apareció el jeta que sin disculpa alguna nos negocio un Peugeot 509 que
satisfacía las aspiraciones de Jacinto que es nuestro driver.
Superando cierta confusión con el TomTom, que según nosotros
no se aclaraba, enfilamos hacia Cortina de Ampezzo donde íbamos a pasar la
noche en el hotel Columbia. Como la entrada era a las 15 y nosotros llegamos
sobre las 13, dejamos el equipaje a la vigilancia del recepcionista y nos
fuimos a Lagazoui que era nuestro primer objetivo dolomítico.
Los teleféricos y demás remontes para subir a lo alto cierran
a las 17 horas, por lo que si tus planes pasan por tomarlos te tienes que
espabilar teniendo en cuenta esa limitación, si eres de los que pasas de utilizar
estos vehículos puedes andar y trepar todo el tiempo que quieras a tu bola.
Tomamos la carretera hacia el paso Falzarego, y tras un
corto trayecto, y dejando de lado al lado el acceso al funicular de las Cinque
Torri, llegamos al pie de Lagazoui.
La ferravia de Lagazoui se toma delante de un refugio tienda
con cierto espacio de aparcamiento. Todo está perfectamente señalizado, y el
vendedor de los tickets te da todo tipo de instrucciones. De modo que, nos
pertrechamos de unos buenos bocatas y pillamos el funicular hacia arriba. Para
descender andando hasta el aparcamiento tienes dos posibilidades, un camino cuyo recorrido dura hora y media y
es bastante sencillo, y una via ferrata mas corta, mucho más pendiente, que
recorre las antiguas trincheras de la guerra y que exige cierta experiencia y
material adecuado. Como resultaba que la vía sencilla estaba cerrada por
desprendimientos, y tampoco nos sentíamos preparados para descender por el
tramo corto, decidimos tomar billetes de ida y vuelta conociendo que debíamos
bajar antes de las 17 y condicionados porque queríamos coger el telesilla de
las Cinque Torri necesariamente antes de esa hora. Así que de los dos
recorridos previstos para la tarde optamos por hacer la bajada andando en las Cinque
Torri, sin límite de horario.
La ferrovía acaba en el refugio de Lagazoui, la salida al exterior es espectacular,
sobre todo si es tu primer contacto con los Dolomitas. A más de 3000 mts, te
ves rodeado de montañas a cual más impresionante. Destacan en el entorno las
Toffane, a las que se puede acceder en funicular desde la misma Cortina, y al
sur, entre otras cumbres se divisa perfectamente el glaciar de la Marmolade. En
los Dolomitas, cuando el sol se desliza hacia el horizonte y los últimos rayos
de luz adquieren una cálida tonalidad, la naturaleza ofrece un espectáculo sin
parangón: es la enrosadira, palabra autóctona que significa “convertirse en
rojo”. Por arriba hicimos un pequeño circuito a un par de altos con
miradores y tras dar cuenta de los bocatas descendimos de nuevo hasta el coche.
Ni que decir tiene que nosotros lo veíamos todo especialmente rosa.
Las Cinque Torri son un grupo montañoso de forma
característica, de allí le viene el nombre, y está a menos de 5 minutos de
Lagazoui volviendo a Cortina. La estación del telesilla tiene un espacioso
aparcamiento y el correspondiente bar
restaurante.
Llegamos al límite del horario, creo que fuimos los últimos
en subir, pero no nos preocupo el tema dado que pensábamos descender a pie. El
sendero de bajada lo habíamos divisado con claridad desde lo alto de Lagazoui,
así que más o menos sabíamos lo que nos esperaba. Arriba al lado del
correspondiente y magnifico refugio, hay señalizado un circuito sumamente
recomendable que da la vuelta entera a las Cinque Torri. No es nada complicado y
nosotros ocupamos una horilla o menos en recorrerlo, Es curioso que mientras
giras en torno a las paredes rocosas puedes observar a varios alpinistas
escalando las cimas a mano. A mi cuñado Jacinto le encanto sobremanera esta
experiencia y la recordó con agrado durante todo el viaje.
Antes de descender nos tomamos unas birras en el refugio que
estaba poblado de excursionistas que hacen base en él para sus recorridos de
montaña. Para la bajada unas nubes negras amenazaban lluvia, nos libramos ya que solo nos cayó alguna gota aislada. El
descenso, no sé si porque perdimos la ruta oficial, resulto más farragoso de lo
previsto por la notable pendiente, pero lo culminamos sin mayores problemas. Yo
me eche más de una vez la mano a la espalda, pero aguanté bien de lumbares.
Sería por la altura.
Luego volvimos al hotel, recuperamos el equipaje y tomamos
posesión de las habitaciones que estaban muy decentes. Aquí teníamos desayuno.
Tras un ligero descanso nos acercamos andando a ver el
centro del lugar. Como eran más de las 19 h. ya estaba todo cerrado y la
oscuridad se hizo con rapidez. Como mínimo anochecía una hora antes que en
España. Cortina, es como sabréis, la típica localidad especializada en el esquí,
por lo que su fisonomía es la que corresponde a tal menester, aún así
descubrimos una tienda galería que se dedicaba a la venta de copias de cuadros
famosos. Los escaparates y el espacio de la tienda que se vislumbraba desde
ellos, estaban poblados de copias de Van Gohg, Monet, Klimt, Gauguin, etc…,
hasta vi un Canaletto. Me gustó, porque todo el que me conoce sabrá que yo me
dedico a lo mismo, solo que en mi caso sin ánimo de venta.
Desoyendo la recomendación del recepcionista del hotel, que
nos había dirigido al restaurante de un hotel próximo al nuestro, terminamos
cenando en una pizzería encantadora. El establecimiento estaba decorado con
fotografías de las celebridades afines en tiempos inveterados a Cortina, BB,
Gunter Sachs, Belmondo, Mastroianni, etc., lo cierto es que la cena estuvo
bastante bien.
Día 4 jueves.- LAS TRES CIMAS-EL LAGO
BRAIES-BRUNICO-ARABBA
Después de desayunar en el hotel tomamos la ruta en
dirección al final de una de las etapas míticas del Giro y objetivo destacado
de nuestro viaje, la Tres Cimas del Lavaredo. El trayecto hasta el lago
Missurina dura unos 20 minutos por una carretera hermosa. A ambos lados vamos
dejando telesillas y remontes y bases para iniciar caminatas por doquier, que a
lo mejor requerían una paradita, pero el objetivo del día estaba clarísimo.
El entorno del lago se
parece mucho al valle de Tena en el pirineo aragonés camino de Sallent de
Gallego. El lago Missurina aparece como si del pantano de Bubal se tratara, es
así por lo que este lago no nos impactó tanto. Pasado el lago se inicia la
carretera que da acceso al refugio Auronzo, donde empieza el recorrido
alrededor de las Tres Cimas. Justo al comienzo de la carretera se sitúa la
barrera del peaje del trayecto, señores, hay que pagar para subir motorizado a
las Tres Cimas, unos 24 euros el vehículo, la alternativa es una andada que no
recomiendo a nadie, las fuerzas las vas a necesitar arriba si se trata de subir
y bajar en breves horas y seguir ruta, otra cosa es si la intención es
pernoctar arriba y utilizar el refugio para otros menesteres. La barrera se
cierra como a las 18 y el que no haya descendido a esa hora deberá esperar al día
siguiente, pasar noche por ahí y pagar dos veces.
Arriba al final había bastante gente al igual que nosotros
llamada por la estampa mítica de estas cumbres. El parquin al lado del refugio
estaba completito y la niebla que nos recibía era abundante y espesa. Reconozco
que tuve un arrebato de ira. Tantos años de espera y tanta ilusión en estar
allí para encontrarnos con las cimas absolutamente tapadas por la bruma. No me
lo podía creer. No se veía ni torta de las paredes rocosas. En un esfuerzo de
voluntarismo y dado que el camino entre refugios es totalmente llano, me
conformé a regañadientes y nos acercamos al refugio de Lavaredo, justo al
extremo del lado sur de la ruta. En este refugio no se veía tampoco nada de las
cimas, pero se divisaban con cierta claridad los trazados de un par de senderos
que proseguían el camino. Uno de ellos ascendía con un serio desnivel hacia el
costado de las peñas, el otro, con una menor pendiente se separaba de ellas en
dirección este hacia no sé dónde. Por aquí circulaba la mayor parte del
personal, así que la familia tiró por él con el propósito de aprovechar algo la
subida, mientras que yo encabezonado, decidí esperarles al pie del refugio, sin
haber averiguado previamente que no había nadie de mi misma idea.
Visto que me quedaba de solanas y que todo el mundo seguía
andando, me uní a la comitiva en busca de mis compañeros. Por mi actitud no me
merecía ninguna suerte. Al rato el camino se bifurcaba y un ramal continuaba al
este y el otro torcía a la izquierda en dirección al pie de las Cimas. La gente
proseguía por éste hacia la funda de niebla de la montaña. A la familia la veía
al fondo a la derecha echándose fotos en torno a una pequeña laguna, les bracee
para llamar su atención, eran los únicos que habían elegido esa opción y tras
el intercambio de señales, uní mis pasos a la mayoría de los creyentes. Y, hete
aquí, que según nos acercábamos a la arista que separa las dos vertientes de
las Cimas, las nubes comenzaron a disiparse y las tres moles parecían
desperezarse a la clara luz del día. Asombroso, el lado sur inmerso en la bruma
y el lado norte absolutamente diáfano. Vamos que ni me paré en la arista y
seguí caminando en dirección al distante refugio Locatelli hasta una plataforma llana, unos 1000 metros
adelante, desde la que se admiraban los tres gigantes de roca en todo su
esplendor. Las Tres Cimas de Lavaredo son tan fotogénicas que su silueta se ha
convertido en la imagen más representativa de las Dolomitas.
Espere aquí hasta que al rato llegó el resto de la
cuadrilla, a todos les embargaba la misma sensación de belleza y de alivio que
a mí. Entre fotos y comentarios admirativos dimos cuenta de unos tentempiés
apañados en el desayuno del hotel y retornamos lo andado en busca del coche y
siguientes objetivos para la jornada.
Desde Missurina nos dirigimos según lo previsto hacia el
norte por la SP49 adentrándonos en el Sudtirol. Entre moles rosáceas, la Crodda
Rossa destacaba entre todas, al poco nos encontramos con un cementerio dedicado
a los combatientes caídos por ambos lados en la primera guerra mundial, en el
conflicto de trincheras. Unos 1300 según leí. Desde que estuvimos en Normandía,
estos lugares siempre llaman mi atención.
Siguiendo hacia el norte, a escasos kmts de la frontera
austriaca giramos a la izquierda en dirección al parque natural Fanes-Sennes-lago
Braies, y nos adentramos en el hasta llegar al lago Braies. Aquí el paisaje varía
espectacularmente, inspirador de la Tierra Media de J.R.R. Tolkien, el valle y
la meseta de Fanes, con sus crestas esculpidas y potentes torres de roca, son
los parajes más evocadores de los Dolomitas. No deseo repetirme, pero cuando
llegamos al lago Braies me dio la impresión que entrabamos en Panticosa. La
similitud entre ambos parajes es asombrosa, lo que no quita para afirmar que el
lugar es de esos que algunos llaman idílicos. Había gente a mogollón, los 4 o 5
espacios de aparcamiento estaban llenos, aun así dejamos el coche sin mayores
problemas, eso si soltando dos o tres euros al menda que hacia funciones de
acomodador y vigilante. Yo me encontraba algo cansado, así que mientras la
familia iniciaba un corto recorrido en torno al lago, que se puede rodear en su
totalidad, yo me quede aposentado en uno de los bares asadores de la entrada.
Recuerdo que tome unas milanesas y que cuando se incorporo la familia les
recomendé unas salchichas que yo no había visto cuando encargué lo mío, y que
pude observar en la espera, que la dueña del establecimiento consumía con
deleite. Me debía haber callado, las salchichas estaban de pena, las buenas
debían ser las que pillaba la dueña. Pero bueno, iban acompañadas de un buen
complemento de patatas.
De allí nos fuimos por la SS49 hasta Brunico. Aparcamos al
lado de la estación y nos acercamos paseando hasta el casco histórico. Brunico,
como fiel representante del Tirol, tiene un aire a Innsbruck, al menos eso nos
pareció. Se accede por unos arcos en la muralla a un par de calles peatonales
con casas multicolores, de fachadas pintadas, y cantidad de tiendas y terrazas
sugerentes. No visitamos el castillo pero si entramos en una iglesia en la que
había un concurso de coros escolares. Asistimos a una actuación que recordaba a
la familia Trapp. Estuvo curioso.
De vuelta a la estación cogimos el coche y por la SS244 y
Alto Badía nos dirigimos a Corvara.
Lamentablemente se puso a llover y una espesa bruma nos oculto la vista de las
montañas que bordeaban nuestra ruta. Así que nos comimos una montonera de
curvas para no sacar provecho paisajístico alguno. Por Corvara, que tenía muy
buena pinta pasamos sin hacer una mínima parada de lo malo que hacía. Sin más
llegamos al hotel de Arabba, el Garni Serena, que resulto sencillamente
precioso. No debía haber mucha clientela porque la graciosa recepcionista nos
recibió con un bebe en brazos. Por el hall, plagado de juguetes, se entretenía
una niña pequeña.
Como no hacía tiempo para aventuras y exploraciones, nos
fuimos a cenar enfrente al hotel que nos recomendó la joven mama de la
recepción. Fue muy amable nos dejo unas paraguas para protegernos en la corta
travesía.
Cenamos correctamente el menú del hotel, nos atendió con
afabilidad un camarero abisinio que se dedico a practicar con nosotros y con cierto
esfuerzo su precario castellano. Para variar nos tomamos unos spritz. A las
chicas les hizo gracia el comportamiento coleguil del africano.
Día 5 viernes.- PELMO – PALAFAVERA – CIVETTA - ALLEGUE
Como estábamos justo al lado norte del Pas Pordoi, nos
habíamos planteado en función de la evolución del tiempo, acometer este mismo día
la visita al macizo de la Marmolade, pero como anunciaban día despejado para el
sábado decidimos seguir los planes iniciales e ir a la zona de Palafavera.
El camino por la SR 48 y continuando por Selva di Cadore es
precioso, paramos un par de veces al lado de la carretera para echar unas
fotos. La pena es que para nada las fotos hacen justicia a la impresión que
estos valles y montañas causan al viajero. Hablando de sensaciones, y de las
buenas, más adelante nos encontramos en medio de la carretera con la
impresionante mole del Pelmo. Con razón dicen que es la montaña más carismática
de los Dolomitas. Por momentos parece imposible rodear la montaña, que ocupa
todo el horizonte de la ruta, al igual que el Ferry cruzando la bahía, bloquea
la vista del final de la calle Lope de
Vega de Santander. Naturalmente, es un efecto óptico, y bordeando la montaña
llegamos a Palafavera donde paramos a comprar unos mapas detallados de la zona.
Ya tocaba.
Yo había leído en los foros, que al lado de la laguna
Portisei, nacía un sendero que entre abedules y hayas te acercaba a un refugio
desde el que se divisaba en plenitud la sierra del Sasso di Bosconero.
Exagerado, la laguna Portisei es un pequeño embalse que tuvimos que pasar y
repasar por carretera hasta decidir que aquella discreta acumulación de agua
era la laguna anunciada. Aparcamos el coche al lado de otro par de ellos que
habíamos visto en nuestras distintas pasadas. De allí curiosamente partía el
camino idílico que resulto ser una senda de pedregal que ascendía con un
desnivel exagerado. Mi menda, al ver el percal se echo atrás sin vacilar, y mis
acompañantes se lanzaron al barro y a la piedra e iniciaron el camino en busca
de la sierra. Quedamos en que andarían por espacio de hora, hora y media y que
yo les esperaba en el coche. No me había sentado y acomodado un tanto para
hacer más suave la espera, cuando ya estaban los tres de vuelta. El empeño era
mucho toro, y de ello daba cuenta el revolcón en forma de patinazo y
subsiguiente caída que había tenido mi cuñado a las primeras de cambio.
Así que acordándonos sin acritud de los foreros que invitan
a esta experiencia, nos dirigimos al Passo Staulanza, desde donde nacían los
distintos senderos en el entorno del Pelmo. El Pelmo es un soberbio torreón con
forma de trono que se levanta en la parte superior del valle de Zoldo. Un
escritor inglés que visitó estas montañas a comienzos del siglo XX dijo del
mismo: “El Pelmo es el Rey de las montañas, es majestuoso en todos sus
aspectos. Domina todas las cimas que lo rodean, como un monarca que no admite
rivales; el Pelmo es una montaña en todo el sentido de la palabra, es el modelo
de coloso dolomítico”. Justo delante del
refugio está el aparcamiento y la portilla que da acceso al denominado “Anillo
del Pelmo”. Es un sendero que bordea totalmente la montaña, aunque para
realizarlo en su totalidad se necesita tiempo y algo de experiencia en
distintos tramos. Decidimos emprender la ruta y llegar hasta donde viéramos
conveniente. No es complicado al menos en la primera hora de recorrido, es muy
placentero y tienes de todo, vistas, vegetación abundante y sobretodo el Pelmo
a tu costado. A la hora yo me di la vuelta, en mi actual condición física más
de dos horas de caminata me parece arriesgado con vistas a posteriores
jornadas.
Esperé de vuelta en el refugio tomándome una birrita y para
cuando volvieron mis compañeros ya había cerrado la cocina del establecimiento.
Si que nos prepararon unas tostas enormes de jamón y queso que nos tomamos con
ganas mientras contemplábamos el trono del Pelmo en todo su esplendor. A la
derecha asomaba entre nubes el monte Civetta que separa Zoldo de Allegue.
Pensamos que para ganar tiempo de cara al día siguiente, mejor pasar del
Civetta y acercarnos a Sottoguda para recorrer su Serrai, visita muy
recomendada también en los foros.
Para llegar pillamos una carretera interior recomendada por
Maripili, (la voz de nuestro TomTom) y
en un momento nos plantamos en el aparcamiento propio del Serrai de Sottoguda.
El Serrai es una especie de desfiladero de unos dos kmts. de longitud, por el
que en tiempos trascurría la antigua carretera de Malga Capela, al pie de la
Marmolade, y cuyo recorrido peatonal de ida y vuelta está enriquecido con una
serie de puntos que hacen referencia al pasado histórico del lugar. Hay que
pagar para realizar la visita y las personas con escasa movilidad pueden hacer
el trayecto en un pequeño trenecito. Con la entrada te suministran un folletito
descriptivo de los detalles memorables del circuito. La cosa no da mucho de sí,
especialmente si has visitado con anterioridad alguna garganta profunda de esas
dispersas por el mundo. Curiosamente cerraban a las seis, y creo que fuimos los
últimos en iniciar el retorno desde las puertas de Malga Capela; recuerdo que
el paseo de vuelta fue bastante placentero, y no solamente porque fuera de
bajada sino también porque se respiraba bien y se notaba una gran tranquilidad.
En Sottoguda nos detuvimos un buen rato para ver unas
tiendas especializadas en productos artesanales. Por lo que vimos en el pueblo
hay tradición de forjadores del hierro y artesanos de la madera. Es una
exhibición de cuantos animales y objetos se pueden representar
A eso de las siete llegábamos a Allegue, no sin antes haber
parado en la carretera para hacer la foto de la silueta rosada del Civetta
alzándose majestuoso sobre el lago.
Ante mi sorpresa, el hotel Adriana estaba alejado del casco,
a unos dos kmts pasado el pueblo, lo que
nos obligaba a coger el coche para acercarnos al centro. Eso sí, las fotos
publicitarias de Booking no engañaban, el hotel estaba encima mismo del agua.
Tras descansar brevemente nos fuimos a Allegue. No había
mucho ambiente, aún así localizamos una vinoteca para tomarnos los spritz y
después un antrillo para cenar. Los platos fueron justitos, de los de cumplir el expediente.
Día 6 sábado.- LA MARMOLADE-EL PAS PORDOI-BOLZANO
Una de las cosas buenas de los Dolomitas es que las
distancias entre los distintos lugares son muy cortas. De Allegue a la
Marmolada se llega en un suspiro. Al poco de desayunar en el hotel ya estábamos
haciendo cola, escasa a esa hora, en el teleférico de Malga Capela para
ascender a la cumbre del mítico macizo. Son tres tramos de recorrido con dos
trasbordos. En el primero no hay nada pero los otros dos cuentan con una
pequeña área de recreo. Nosotros como todos los demás tiramos hasta la parada
final. El día era esplendoroso por lo que la vista desde el alto era
impresionante. Se divisaban con total claridad todas las cumbres dolomíticas de
izquierda a derecha y especialmente de arriba abajo, ya que estábamos situados
a la mayor altura que alcanzamos en el viaje. Al fondo podíamos reconocer las Tofane,
el Pelmo, el Pordoi, .etc., ayudaban claro está, los atriles cartográficos que
jalonaban la terraza del recinto. Justo enfrente en dirección norte se veía con
claridad el sendero que saliendo del alto del Pordoi íbamos a tomar con
posterioridad.
Estuvimos un tiempo holgando al sol sobre la nieve sin
desplazarnos del lugar haciendo mil fotos, la nieve a nuestro alrededor invitaba
a caminar un poco, pero todos nos
movíamos en torno a un circulo de 50 metros de diámetro sin mayores aventuras,
las pendientes, lo blando de la nieve virgen y la posibilidad de caída eran elementos
lo bastante disuasorios.
Tras una media hora y siempre en el horario previsto descendimos
para proseguir la jornada. A la bajada el grupo de gente que esperaba turno
para subir en el teleférico era ya bastante numeroso, habíamos hecho bien en
espabilar por la mañana.
En nada estábamos ya parando en el precioso lago di Fedaia,
encajonado entre el Pordoi y la Marmolada. Nos dimos un pequeño paseo fotográfico
por la carretera que discurre a lo largo de la presa, y en el bar del área de
descanso del lago ya nos dimos con los primeros grupos de motoristas que
salpican y pueblan todas estas rutas montañosas especialmente los fines de
semana.
Siguiendo la ruta, al poco desde Canazei se inicia la subida
al Paso Pordoi, son unas 30 tornantes de 180 grados que resultan tan
espectaculares como vistas en la Tele en las retrasmisiones del Giro. Hay que
subir casi en primera y vas acompañado de innumerables ciclistas de toda edad y
condición que se retuercen a duras penas sobre sus monturas, no así los pelmas
de las motos que son como un enjambre que gira en torno a uno, pasan, se paran,
se adelantan unos a otros, total que te obligan a ir más pendientes de ellos
que de la carretera. Pesados.
Arriba conseguimos aparcar justo al lado del punto de
partida de la ruta. Recorreremos un hermoso sendero, llamado Vièl del Pan (la
vereda del pan), con vistas panorámicas del glaciar de la Marmolada y del Piz
Boé. Justo donde aparcamos había una mesa de control y avituallamiento de una
carrera de fondo que se estaba realizando entre subidas y bajadas por esas
montañas.
No comenzamos el
camino sin antes hacerme la foto clásica con el monumento a Fausto Coppi que está
situado justo en medio del paso. Solo me la hice yo, la gente por lo general
más joven no debe saber reconocer las hazañas de las autenticas y veteranas glorias.
El recorrido no tiene
perdida, está perfectamente marcado y solo hay que seguir a la gente que en su
mayoría hace lo mismo. Tras un pequeño repecho al lado de una ermita, enseguida
el camino se hace horizontal girando a la izquierda y ya no presenta mayores problemas. Hay un
par de refugios a lo largo del recorrido por si apetece hacer un descanso, en
nuestro caso pasamos de largo, aunque me parece recordar que el más lejano
estaba cerrado. Anduvimos como una hora y media hacia el nordeste observando el
espectacular panorama del macizo de la Marmolada con el lago Fedaia al pie. Debido
a la carrera pedestre a cada momento teníamos que hacernos a un lado para dejar
pasar a los atletas, lo menos pasaron trescientos entre mujeres y hombres,
aquella coincidencia nos alegro de alguna forma la marcha porque entretuvimos
el camino jaleando y animando a los coloristas corredores. Debo añadir que la
experiencia de este paseo es extraordinaria, es de aquellos momentos que se
recuerdan toda la vida y que sirven de referencia con respecto a otras
maravillas que te encuentras por el mundo.
A la vuelta al paso yo me empeñe en que debíamos tomar el
teleférico de enfrente y subir hasta el refugio Maria que da acceso al Piz Boe.
No podíamos irnos de los Dolomitas sin hacer esa última subida. Así que nada,
como eran sobre las tres y teníamos tiempo hasta las cinco, cogimos un ida y
vuelta y para arriba. La verdad es que desde mi punto de vista vale muchísimo
la pena aprovechar estas facilidades de poder ascender a los 3000 metros, es
cierto que es mucho más meritorio el subir y bajar andando como hacían bastante
gente, pero eso requiere de unas condiciones físicas que yo personalmente no
tengo entrenadas. Arriba nos dimos una pequeña vuelta de unos quince minutos
sobre la nieve hasta llegar a un punto donde observar con especial detalle la
cima del Piz Boe, y retornamos al refugio para tomar unas tostas de jamón y
queso que era lo único que servían a esas horas.
Luego fue la bajada en el funicular y el descenso del Pass Pordoi
hacia Canazei. Afortunadamente el número de motociclistas había bajado como por
encanto y pudimos tomar las tornantes con cierto desahogo. Ya solo fue seguir
la carretera hasta Vigo de Fassa y tomar la carretera SS241 para alcanzar
nuestro final de etapa en Bolzano. Iluso de mí creía que desde esta carretera
podríamos vislumbrar las afanadas cimas rosadas del grupo Catinaccio, pues no,
en este aspecto nos quedamos con las ganas.
El hotel Villa Anita
Rooms era algo singular, debía haber sido un palacete residencial y tenía un sugerente
aspecto de vieja época. Las habitaciones eran estupendas y la incomodidad del
baño compartido no llego a mayores. El precio, la ubicación y el encanto del
sitio hacen este alojamiento muy recomendable.
Tras un pequeño descanso salimos a conocer la ciudad. Era
sábado por la tarde así que debía haber buen ambiente por narices, y así fue,
nos dimos una pequeña vuelta callejeando hasta localizar la catedral, que a
esas horas estaba cerrada, nos tomamos unos spritz y buscamos un lugar para
cenar. El sitio elegido estaba en la vía dei Portici, nos sentamos en la
terraza y recuerdo que estuvimos muy a gusto. Volviendo al hotel, la pintoresca
calle de vuelta en la que por la mañana se celebra un divertido mercadillo,
estaba sembrada de jóvenes bebiendo y platicando. El ambiente levantaba el
animo.
Día 7 domingo BOLZANO
– TRENTO-LAGO GARDA-VERONA
Antes de reemprender la ruta decidimos dar una vuelta por la
ciudad y así poder visitar la catedral que estaba cerrada la tarde anterior. El emblema de la ciudad se encuentra en
el lado suroeste de la plaza
Walther, es de estilo similar al gótico y está dedicada a Santa María de
la Asunción. Lo que más sorprende al visitante es el techo de tejas, que se
compone de azulejos policromos negros, amarillos y verdes. También hay que
resaltar el campanario de la iglesia, de 65 metros de altura.
En la plaza había un escenario en el que una orquesta de
tiroleses interpretaba música clásica. Por lo visto se trataba de un concurso
local de grupos orquestales con el marchamo sudtirol. Debido a ello, la plaza
estaba en gran parte cubierta de sillas. Nos detuvimos un rato a escucharles
pero la premura por lo que teníamos por delante nos obligó a abandonar el lugar
y reanudar nuestro viaje camino de Trento.
La carretera con paisaje característico del sudtirol
discurría entre viñedos y a ambos lados íbamos dejando pueblecitos muchos de
ellos almenados. Con ayuda de Maripili al rato ya estábamos aparcando muy cerca
del casco histórico de Trento. Dimos una vuelta visitando iglesias y palacetes,
empezando por el Duomo, y paseando la calle
Via Belenzani, flanqueada por edificios renacentistas de estilo
veneciano, con frescos en las fachadas. El conjunto se cierra con el castillo
del Buonconsiglio, residencia de los príncipes-obispos entre los siglos XIII y
XVIII para guardar la frontera norte del país. Al fin dimos con la iglesia Santa Maria
Maggiore, la cual me interesaba
particularmente porque en ella se celebro el famoso concilio que cerró a cal y
canto la progresión de la iglesia católica. En el interior hay unos lienzos que
retratan e identifican a los participantes en el encuentro. Por mucho que lo
intenté no logre identificar al bueno de Rouco Varela y eso que todo el mundo
dice que sigue allí.
Hicimos una paradita muy agradable en la plaza del Duomo, al lado de la catedral románica de San Virgilio,
la plaza tiene una fuente en su centro adornada con una estatua de Neptuno. En
una terracita nos tomamos esta vez unos spritz especiales, con lima y esas
cosas que ponen los creativos, que
sirvieron para probar otras variaciones, pero no mejoraron los que ya
llevábamos puestos de los días anteriores.
En resumen, la parte histórica de Trento bien merece una
parada, pero en un viaje como el nuestro debes optar en hacer noche aquí o en
Bolzano, más seria dedicar demasiado tiempo.
De Trento nos dirigimos al lago Garda con ánimo de reconocer durante un par de horas
la zona. Abandonamos la carretera que lleva a Verona y nos desviamos pasado
Rovereto hacia Riva del Garda. Nosotros
guardábamos un grato recuerdo de la visita al lago Como y esperábamos encontrar
algo similar. No me lo pareció, el Garda es mucho más grande y se pierde la bonita
perspectiva de ambas orillas jalonadas de villas y pueblos pintorescos. Además
estaba muy nublado y empezaron a caer unas gotas y en Riva, por lo demás de
reconocido atractivo turístico, se nos puso difícil aparcar, y como lo que
veíamos tampoco nos llamaba mucho, decidimos seguir costeando el lago hasta
Malcesine, donde si decidimos parar entre otras cosas con el objetivo de comer.
Hicimos bien, porque fue el lugar resulto encantador. Tiene una zona peatonal
muy agradable y además nos sentamos en una terracita entoldada a comer
estupendamente. A los cafés nos cayó un buen chaparrón pero nos pillo
afortunadamente a cubierto, de modo que no se aguaron para nada las
copitas de grappa. Al ser domingo, había gente pero se podía pasear con
tranquilidad, de forma que nos agrado la parada.
Decidimos encaminarnos ya a Verona, con objeto de sacar un
poco de partido a la tarde noche. Según el tomtom estábamos cerca y llegaríamos
en nada, pero no se qué paso, pero aquel
tramo se hizo más largo y tortuoso de lo que parecía en los mapas, aunque al
fin, pese a las dudas suscitadas, aparecimos tras varios cambios y giros por el
lado suroeste en Verona precisamente por la zona en la que se situaba nuestro
alojamiento.
Il Picolo está bien para el precio que tiene, en la reserva ya
me percaté de que el alojamiento en Verona es bastante caro, pero el hotel está
un poco alejado del centro. Como en todas partes la relación calidad-precio
aumenta en la medida que te alejas del sitio en que se concentra la actividad
turística. En los viajes como este, en los que te tragas una buena cantidad de
kilómetros, lo que menos apetece es volver a tomar el coche una vez alojado en
el hotel, como encima nos avisaron que el aparcamiento por el centro, calles
peatonales y tal es muy problemático, y
lo es si es gratis, decidimos ir andando, un breve paseo hacia la zona de la
Arena, nos dijeron. Bien, la ida nos resulto llevadera pero la vuelta se nos
hizo insufrible. Algo hicimos mal. Yo le eche la culpa al hotel, el pobre lleva
años allí.
En unas tres horas nos pateamos todo lo más destacado de la
zona central. Por la calle Porta Palio llegamos ya anochecido hasta el
Castelvechio, y desde allí por la vía Roma hasta la plaza Bra, centro neurálgico
donde se ubica el anfiteatro, luego la imprescindible
vía Giuseppe Manzini, hasta la
confluencia con la vía Capello y situamos la casa de Julieta a la derecha y la
Piazza delle Erbe a la izquierda. Tras echar un vistazo a la Piazza dei
Signori, nos sentamos a cenar unas tostas en una terraza preciosa de la plaza
Erbe y una vez recuperadas fuerzas, tomamos la de san Fernando para volver al
hotel desandando lo anterior y con el disgusto ya comentado por la lejanía del
establecimiento.
DIA 8 lunes 14 VERONA-
SIRMIONE-BERGAMO
Recuerdo que desayunamos dignamente en un pequeño comedor
del hotel que estaba decorado con copias de cuadros impresionistas, lo que me
alegró la mañana.
Las dificultades de acceso al centro de la tarde anterior
las resolvimos diciéndole a Maripili que nos llevara a un parking situado cerca
de la Plaza Bra, y así pagando resolvimos la cuestión de la proximidad.
Pasamos casi toda la mañana repasando de día todo lo que ya
habíamos descubierto la tarde-noche anterior. Entramos, y fuimos muy pocos, en
la Arena y nos hicimos varias fotos sentados en el patio como únicos
espectadores de una ópera ficticia. Mi cuñado, que es un entusiasta de la opera,
estaba de lo más emocionado encontrándose en medio de uno de los iconos de este
tipo de representaciones, la verdad es que a todos se nos contagió un algo,
aunque solo fuera para compensar el gasto de la entrada.
A continuación y qué le vamos a hacer, nos fuimos a la casa
de Julieta. No os riais, porque para más INRI, yo era la segunda vez que la
visitaba, ya que en un viaje primerizo hace muchos años, ya tuve la debilidad
de conocer el famoso balcón. Que conste que también he pagado para ver en
Teruel la tumba de los infelices amantes, así que en según qué cosas no tengo
remedio. En mi descargo diré que allí estaba la multitud de turistas que
echamos de menos en la visita al anfiteatro. El espacio, bastante reducido por
cierto, estaba abarrotado de personas de todas las nacionalidades que con más
moral que el Alcoyano, pugnaban por hacerse fotos sin que les molestara nadie.
Mejor hacer un curso de photoshop y eliminar posteriormente a los que te sobran
en la imagen, porque lo que es en vivo, ni de coña, amigo.
Recorrimos de nuevo las calles del casco histórico y
entramos en varias iglesias, destacando el conjunto catedralicio de Santa Mª
Maricolare, que incluye también a la Iglesia de San Giovanni in Fonte (el
Baptisterio), la Iglesia de Santa Elena, el claustro de los Canónigos y la
Biblioteca Capitular.
Nos adentramos en el
casco antiguo porque hacía una bonita mañana soleada que invitaba al paseo
tranquilo por esas calles. Encontramos una tienda en la vía Manzini donde
vendían la colección de Penélope Cruz para una marca italiana de accesorios,
creo que nuestras mujeres compraron unos bolsos.
Una vez tomado el coche nos dirigimos a la Basílica de San
Zenón, camino ya de la parte sur del lago Garda. La iglesia cuenta con tres
niveles: el nivel de acceso, que ocupa gran parte de las naves, el nivel
superior, reservado en su día a la nobleza y el clero, y la cripta. Tanto el
interior como el exterior del edificio por utilización de diferentes tipos de
piedra que aportan un curioso colorido. En el retablo se encuentra la
Majestuosidad de la Virgen, de Andrea Mategna, una de las obras maestras de la
pintura renacentista del noreste de Italia.
Desde Verona nos dirigimos a la zona sur del lago Garda,
concretamente a Sirmione, el lugar más recomendado de la zona en cuantas páginas visitas en internet.
Sirmione es una de las muchas poblaciones que rodean el Lago di Garda, pero
varias aspectos la diferencian del resto y la han convertido en la localidad
ribereña más popular. Su ubicación, en la punta de una estrecha península que
se adentra en el lago, es uno de esos detalles que la hacen tan especial. De
hecho, el núcleo central apenas está unido a la península por dos puentes. El
casco antiguo es precisamente otro de sus grandes atractivos, con su singular
castillo Rocca Scaligera, rodeado por las aguas del Garda. Era lunes y no esperábamos grandes
aglomeraciones, craso error, el lugar estaba infectado de gente, de modo que
apenas se podía dar un paso. Todo el encanto del lugar, que lo tiene, se fue al
traste ante semejante multitud. Nos sentamos donde pudimos a comer algo
esperando que el atasco fuera amainando, y bueno a eso de las cuatro ya se
disipo un poco el panorama y conseguimos hacer el recorrido típico por el
interior de la población.
Habíamos pensado en hacer un alto en Brescia, pero dado que
la visita a esta localidad requiere de bastante tiempo, decidimos pasar de
largo y encaminarnos directamente a Bérgamo con la intención de subir relajados
a la ciudad alta. Al día siguiente tomábamos el avión a primerísima hora y no
disponíamos de más tiempo para hacer turismo.
Nos alojamos en el Central Hostel Bérgamo, donde he
pernoctado otras veces y para mi uno de los sitios más recomendables de la
ciudad por su situación y la relación calidad precio. Eso si carente en
absoluto de lujos superfluos y con el desayuno incluido más que justo. Consultamos
a la recepcionista y nos comentó que podíamos dejar el coche aparcado en la
acera de enfrente del hostel sin ningún tipo de problema. Así que muy bien,
todos contentos.
Cogimos un bus para subir a la ciudad alta y vieja, y al
rato ya estábamos paseando sus plazas y callejuelas; en contraste con Sirmione,
apenas había gente transitando por allí.
En la Piazza Vecchia había una recepción sobre algún acontecimiento
cultural, con copitas y tal, pero no logramos colarnos por la gorra, tampoco
nuestras pintas ayudaban mucho para confundirnos entre los invitados, así que
nos sentamos a cenar por nuestra cuenta en una terraza pegada a la fiesta.
No fuimos conscientes
de cómo pasaba el tiempo y cuando llegamos a la estación del funicular de
bajada, nos encontramos con que ya
estaba cerrado, eran más de las diez, la hora tope, de modo que tuvimos que
desandar la ciudad hacia plaza de la zona alta donde habíamos dejado el autobús
de subida. Resulta que ante nuestra sorpresa los autobuses aparentemente también
dejaban de pasar a partir de las diez, por lo que nos encontrábamos en una
situación ciertamente inquietante, ya que además por allí no asomaba ni un
mísero taxi. Cuando ya hacíamos cábalas sobre la dificultad para volver al
hotel, vimos aparecer dos autobuses repletos de niños excursionistas que se
bajaron delante de nosotros, y no sé cómo, se esparcían por las entradas
próximas desapareciendo en un instante. Hete aquí, que mi mujer se acercó a uno
de los choferes y le pidió si podía descendernos al centro de la ciudad nueva.
El hombre reconoció nuestra situación y fue tan galante que nos bajó y nos
acercó lo más que pudo hasta la ubicación de nuestro hotel. Chapeau por este
amigo de Bérgamo.
Día 9 martes 15 Hacia
casa y final.
Nos levantamos pronto con objeto de llegar sin prisas al
aeropuerto donde debíamos entregar el coche, de forma que no pudimos degustar
el desayuno incluido en el precio de la habitación.
Ante nuestro pasmo en el parabrisas del coche nos habían
colocado la papelina de una multa por aparcar en zona prohibida, y nosotros sin
poder volcar nuestro cabreo sobre la ausente recepcionista. Os podéis imaginar
el mosqueo que llevábamos en dirección al aeropuerto.
Una precaución, cuando debáis devolver el coche alquilado
con el depósito completo os recomiendo vivamente que lo llenéis la tarde
anterior, nosotros debemos ser tan torpes que siempre nos las vemos negras para
encontrar una gasolinera que sepamos hacer funcionar camino de los aeropuertos.
Esta vez no podía ser de otra manera, y tras otra dura pelea con un surtidor
automático, llegamos justos y de los nervios al aeropuerto, donde retornamos el
coche sin más incidencias.
Como desde Bérgamo, Ryanair tiene rutas a Santander y
Barcelona, con la diferencia de una hora ambas parejas tomamos los vuelos hacia
nuestros respectivos destinos.
Un par de meses más tarde, y como colofón a nuestro viaje,
mi cuñado me informó de que le habían descontado de la tarjeta de crédito el
importe de la multa correspondiente al
aparcamiento prohibido de Bérgamo. Afortunadamente no fue mucho.
Esta incidencia para nada mitigó la excelente sensación que
nos ha producido este periplo por el Véneto y los Dolomitas. En resumen, es un
viaje absolutamente recomendable.